Publicado en La Voz de Galicia el 4/5/06
Dirigía un partido de una liga de fútbol sala de empresas
Francisco Muñoz es un árbitro vocacional, que mata el gusanillo en las competiciones de fútbol sala de empresas de Ourense, en el torneo local de Maceda y en las ligas de futbolistas veteranos. A punto de terminar su segunda campaña en la liga de empresas, la agresión de un jugador le ha provocado un esguince cervical entre la segunda y la tercera vértebra, así como una lesión de codo.
Con todo, Francisco admite que su peor secuela es anímica: «Estoy destrozado, con más de cuarenta años, casado y con hijos, no puedo entender que me hubiera sucedido algo así. No me cabe en la cabeza». Sucedió durante un partido entre el Auria Produccións y el Abogados, en la pista del colegio Salesianos, el miércoles de la semana pasada. «Uno de los jugadores del primer equipo comenzó a insultarme incluso antes del inicio del choque, y siguió así durante todo el partido, hasta que al final me agredió», explica. El incidente se produjo cuando ambas escuadras se preparaban para una ronda de desempate a penaltis. «En el momento en el que me dirigía a la mesa. Un jugador me agarró por el cuello, y a la vez seguía amenazándome e insultándome. Después me tiró al suelo, me golpeó la cara con una rodilla y me siguió pateando, hasta que lograron quitármelo de encima tras varios intentos», relata Muñoz.
Después de pasar por un centro médico, el árbitro fue al Juzgado número 3 de Ourense. Acompañado por el presunto agresor, Camilo Reguengo, que trabaja como policía local en Celanova. Se denunciaron el uno al otro. El jugador acusa al colegiado de causarle lesiones en una rodilla y de atacar a la delegada de su equipo.
Intimidado
A la espera de que el juez decida sobre las denuncias, Francisco Muñoz se muestra intimidado por una experiencia «que no se parece a ninguna de las que viví antes en el mundo del arbitraje». Los organizadores del campeonato no han fijado sanción alguna por lo sucedido.
«Abundan los insultos y los comentarios peyorativos, pero nunca hubiera imaginado que un partido de fútbol sala entre personas hechas y derechas pudiera desembocar en esto, porque temí por mi integridad física», reconoce el colegiado. «Y todavía hoy sigo nervioso, porque este señor suele pasar con su vehículo por delante del lugar donde trabajo, no sé con qué intenciones», dice Francisco Muñoz, que de momento no se plantea retomar su afición por el arbitraje.
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