Artículo de opinión de la periodista macedana Rocío Ramos publicado en la sección Al Filo de La Voz de Galicia (Ed. Deza-Tabeirós) el 22/4/06
NUESTRAS MADRES pasaban de los guateques y los picnics en el campo a la maternidad en cadena. Tres era el numero estándar de hijos para aquellas modernas esposas de los 60 y los 70. Una época de progreso en la que empezaban a circular por las casas algunos manuales de sexualidad y psicología infantil que eran lo no va más del conocimiento.
Los sueldos se estiraban un poco más y cada vez eran más los que podían permitirse el lujo de comprar un utilitario, especialmente un 600 o uno de aquellos socorridos 850, tan fáciles de aparcar y llegado el mes de agosto embarcar a toda la prole en un viaje a la playa más próxima. A nosotros ir a O Grove a pasar unos días nos suponía levantarnos a las siete de la mañana y hacer un largo viaje que ahora parece irreal. El recorrido era Maceda-Ourense-O Grove, con parada previa en La Lanzada. Llegamos sobre las once, aparcábamos el 850 y nos íbamos directos al agua. En el coche cabían las maletas, paquetes de embutidos y comida variada y hasta una colección de Barriguitas de mi hermana con todos sus complementos.
Hoy llegamos a la maternidad pasando los 30 o los 40 y sin manual de instrucciones. Un hijo exige ya cambiar la berlina por el monovolumen, porque no cabemos y tenemos uno, o como mucho dos, porque si no con tanto cachivache que exige tener hijos necesitaríamos un tráiler con doble remolque para irnos de fin de semana.
Les compramos tanta ropa que muchas veces se les queda pequeña antes casi de estrenarla y tienen tantos juguetes que casi hay que disponer de una segunda residencia para meterlo todo. Los tenemos mimados, sobreprotegidos y, de pequeños, supervigilados. Se perdieron la independencia de la que gozábamos nosotros, pero aunque nos cuesta intentamos que descubran los verdaderos valores entre tanto consumismo.
Ver noticia original en La Voz de Galicia