Un mes de encierro voluntario en la torre
Enviado porAlberto el 16/11/2007 07:07
Contribución de Alberto
Artículo publicado en La Región el 16/11/07
Celsa Rodríguez cumple hoy 30 días de encierro en el castillo de Maceda. La entrada de un notario fue su única compañía y sólo recibió del exterior algo de pan y un queso, abasteciéndose de las reservas del hotel. La solución pasa por una orden de desalojo o el abandono voluntario, pues es la familia la que tiene las llaves del edificio.
Con la resolución de la orden de desalojo solicitada por el Concello de Maceda todavía sin producirse, el encierro de Celsa Rodríguez Pinal, madre del empresario Ignacio Palomanes, en el interior del castillo sigue acumulando días, 30 en concreto. Hoy se cumple un mes de su estancia como única inquilina dentro de la fortaleza, emblema de la localidad, en la que se atrincheró para defender los intereses de su hijo, desposeído por acuerdo plenario de la concesión para gestionar el monumento como establecimiento hotelero.
Desde el 17 del pasado mes de octubre, último día en el que Palomanes traspasó la puerta de la edificación, sólo ha accedido al interior del castillo el notario de Allariz ’para collerlle o poder para representala nos pleitos’, según explica su hijo. Desde ese mismo día, vive sin suministro de agua y desde la noche del pasado martes también sin corriente eléctrica. Ante la adversidad y pese a que podría abandonar el encierro en cualquier momento pues es la propia familia la que está en posesión de las llaves de la fortaleza, Celsa Rodríguez, ya jubilada, sigue con el mismo posicionamiento que hace un mes: no salir del castillo hasta que un juez lo ordene.
En estos 30 días con sus correspondientes 30 noches, la mujer solventa las necesidades alimenticias vaciando poco a poco el cúmulo de alimentos que almacenaba el castillo en su interior como hotel-restaurante que era y cuya conservación se hace ahora un poco más complicada ante la falta de suministro eléctrico, que deja inservibles los congeladores. La única comida que recibió del exterior en todo este tiempo fue a los tres días de su estancia en el edificio: algo de pan y un queso que le llevó su hija. El agua mineral que guardaban las despensas es su remedio contra la sed y para la higiene personal y limpieza, el pozo del castillo se convierte en un gran aliado.
Incomunicada
Sin corriente eléctrica la situación empeoró notablemente. Mientras no se subsanen los daños del sabotaje (la reparación no empezará hasta la próxima semana, cuando lleguen las piezas nuevas), el teléfono fijo del castillo, que funciona con una centralita digital, no estará ope rativo y tendrá que racionalizar las llamadas del móvil para no quedarse sin batería, que no podrá cargar. Y tampoco puede pasar las horas de asueto frente al televisor, disfrutando de los programas deportivos y documentales de viajes, que son su pasión. Para hacer frente al frío de estos días y a la falta de calefacción, el remedio pasa por la chimenea rústica.
Celsa Rodríguez mantiene su encierro prácticamente sin dejarse ver, siempre por detrás de los muros, y sin atender al cartero, que se ve obligado a dejar la correspondencia en la puerta.
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